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En busca del bizcocho perfecto

Preparamos un bizcocho el domingo y tenemos desayuno para toda la semana. Bueno, así debería ser, pero como quede bueno… no dura ni un asalto. Todos conocemos diferentes recetas de bizcocho pero, ¿todos quedan igual de buenos? ¿Verdad que no?

¿Cuáles son los factores que determinan la perfección de la receta? Vamos a indagar un poco en el tema y dar unos consejos para lograr crear el bizcocho perfecto. ¿Será posible dar con la fórmula secreta?

Vamos primero con unos consejos sobre los ingredientes y la preparación de estos.

Trucos para hacer un bizcocho esponjoso y perfecto

  • Los ingredientes tienen que estar a temperatura ambiente para que no haya peligro de que la masa se corte en algún momento. Puede haber alguna receta en concreto que se requiera de algún ingrediente frío. Para todas las demás, sacamos los ingredientes de la nevera un rato antes, para que estén en la temperatura idónea.
  • Si no se especifica nada, los huevos tienen que ser de tamaño normal. Normalmente se suelen denominar con la letra “M”.
  • Puede que esto os suene un poco raro pero agregar sal a la mezcla no es ninguna tontería. ¿Por qué? Esto potenciará el sabor dulce de la receta. Eso sí, una pizca solo, no nos pasemos.
  • El aireado en la harina es algo muy importante. Conviene tamizarla antes de empezar a usarla. Esto hará que sea más difícil que se creen grumos. Si utilizamos levadura química, la tamizamos de igual manera.
  • Utilizar la cantidad indicada de levadura en cada receta. Ni más ni menos. Esta hará que el bizcocho suba y coja volumen. El echarla en demasía, provocaría que el bizcocho subiese demasiado y se bajase después produciendo arrugas e incluso rompiéndose.

Seguimos con unos consejos para culminar la receta de la mejor manera. Nos ponemos con las manos en la masa.

  • Es de vital importancia para que quede perfecto que la masa contenga mucho aire. ¿Cómo logramos eso? Por un lado tamizando la harina y la levadura y por otro batiendo muy bien los huevos. Esto lo podemos hacer batiendo todo el huevo a la vez, o batiendo las claras y las yemas por separado. Las yemas con azúcar por un lado, y subiendo las yemas por el otro. Importante batir mucho para crear todo el aire posible.
  • Batir los huevos enteros con azúcar puede ser un poco difícil. Un truco que nos deja la web de cocina Directo al paladar es hacerlo cerca de una fuente de calor o sobre un cazo con agua caliente. Esto hará que el proceso se acelere. El punto idóneo estará cuando la masa haya triplicado su volumen y tenga un color blanquecino.
  • ¿Qué aceite usamos para hacer el bizcocho? Aquí entra el gusto de cada uno. Si usáis un aceite de oliva, que sea suave. De lo contrario, el sabor del aceite estará demasiado presente. Con aceite de girasol no tendremos ese problema, serán los sabores de los demás ingredientes los que realzarán el bizcocho.

Ahora toca meternos con el horneado. Aunque parezca que pueda ser solo meter al horno y listo, tenemos que tener unas cuantas cosas en cuenta. Antes de nada, tenemos que tener presente que cada horno es un mundo, y que lograremos dominarlo a base de utilizarlo.

  • Una vez preparada la masa hay que meterla al horno lo antes posible. Por ello, deberemos tener el horno precalentado a 180º y el molde preparado para verter la mezcla. El molde lo untamos con mantequilla para que no se pegue el bizcocho y que desmoldar sea más sencillo.
  • Un truco para saber si tenemos en la temperatura adecuada el horno es vigilar por donde sube la mezcla. Si sube solo por los lados necesita más calor, si sube demasiado por el centro necesita menos.
  • Bajo ningún concepto tenemos que abrir el horno hasta que el bizcocho haya subido del todo. El abrirlo podría hacer que el bizcocho no subiese.
  • Es mejor posar el molde sobre rejilla en vez de bandeja. Esto hará que el calor se distribuya mejor por todo el bizcocho y no más por la parte de arriba.
  • Por último, ¿cómo sabemos que el bizcocho está listo? Es sencillo, introducimos un pincho de madera o metal en el bizcocho y si sale limpio significa que el bizcocho está listo.

Después de leer estas líneas no hay excusa. Manos a la masa y a lograr el bizcocho perfecto. No lo lograremos a la primera, quizás tampoco a la segunda, pero llegará el día en que logremos preparar la receta definitiva. ¡Que aproveche!

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